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Anécdotas de Matute: Cuando te cansas de no estar cansado.

Anécdotas de Matute: Cuando te cansas de no estar cansado.

[El restaurante] Lo habíamos visto antes, pero nunca como ahora: propio, nuestro, como el medio que nos permitiría imprimir nuestra identidad en lo que tanto disfrutamos hacer….

13 de abril de 2016. Luego de varios ires y venires, vueltas y travesías por los despachos burocráticos de Madrid (léase abogado-gestor-sanidad-hacienda, abogado-notario-gestor, gestor-abogado-notario y así…), había llegado el día que tantas noches de sueño nos había quitado a los tres por igual: ¡Hoy nos entregan las p***s llaves de nuestro restaurante!

De camino a nuestro destino, hacía un poco de frío. Fue uno de esos años, en los que la primavera se negó a participar en el concurso anual de las temporadas, y nos dejaba con el brusco e inadvertido cambio del invierno moribundo y sin sal, al seco calor del verano en Madrid. Pero insisto, nada de eso importaba: ese día nos entregaban las llaves.

Ahora sí, en serio. Llegamos al local. Tardaríamos más de la cuenta en acostumbrarnos a llamarlo “el restaurante“. Los antiguos-propietarios esperaban por nosotros en la puerta; aquellos que conozcan bien el barrio de Conde Duque sabrán de quiénes estoy hablando.

Ni ella, ni él tenían la menor idea de que los tres íbamos juntos, sí, pero cada uno en su propio mundo. Como es de suponer, y paso obligatorio, previo a la adquisición del inmueble, ya conocíamos el local. Lo habíamos visto antes, pero nunca como ahora: propio, nuestro, como el medio que nos permitiría imprimir nuestra identidad en lo que tanto disfrutamos hacer; razón de ser por lo que tanto tiempo nos hemos preparado.

Muchos procesos internos atravesaban el pecho de cada uno de los presentes: unos porque se iban, otros porque finalmente cobrarían su tan ansiada comisión, y otros, los bienaventurados protagonistas, porque por un lado, comenzaba una carrera contra el tiempo, y por otro, se acababan las excusas.

Iniciamos el recorrido por el local. Él, que había sido el encargado de cocina, sala y barra – hasta el sol de hoy, no sé a qué se dedicaba ella  -, había insistido en hacerlo una última vez.

Pronto se marcharían al norte del país, donde les aguardaba su próxima aventura empresarial, y aunque todavía estarían unos días más en Madrid, antes de partir quería enseñarnos “un par de truquillos que se cultivan tras tantos años de experiencia“. El tío se fue al día siguiente y sigue brillando por su ausencia.

“La llave cuadrada es la del patio del restaurante, la redonda, del portón, y la pequeña es la llave de afuera.

– Disculpa, ¿y la de la puerta principal?

– “¡Ah, no! Esa puerta no cierra, por lo que tendrán que utilizar el portón”.

 

Restaurante Matute Urban Food - Arepera en Madrid

Todos estamos de acuerdo en que el tiempo y el uso, sin tomar en cuenta las malas intenciones de pocos, pero verdaderos gilipollas, más temprano que tarde, dejan su huella por donde sea que pasen. Pero es que al detalle de la puerta, le siguió el truquillo para encender la Thermomix, las lámparas de Ikea que les parecieron cuquis en su momento, pero que desde que las compraron no han vuelto a conseguir los recambios de las bombillas, y cómo no, el aire acondicionado / calefacción que: “La verdad es que como nunca lo hemos necesitado (¡¿CÓMO?!), no sabemos qué tan bien vaya, pero vamos, seguro que enciende sin problemas”. Hoy en día me arrepiento de no haber guardado las sorpresitas que expulsó el aire cuando lo probamos por primera vez, para poder enviárselas con lazo y ticket-regalo.

No me malinterpretes, querido lector. Esto no es una queja, o un lloriqueo. Ni mucho menos, una peineta a los ex propietarios. Es solo una mínima, diminuta, más-pequeña-que-el-estornudo-de-un-gato muestra de los obstáculos que tiene que sortear el restaurador para poder ofrecer lo que a su criterio sea un excelente servicio.

restaurante Matute Urban Food - Arepera En Madrid

Quizá se pregunten por qué el restaurante estuvo cerrado durante la semana pasada.

Este esfuerzo ya mencionado, y el empeño en mejorar día tras día para dar a nuestros clientes lo que realmente se merecen al venir a visitarnos, tiene mucho que ver.

Sin embargo, y para tu bendita fortuna, querido lector – sí, tú con ese paladar tan exquisito y ese aire de bon viveur -, ya estamos de vuelta. De vuelta y preparados para hacerte sentir como en casa, con nuestra deliciosa comida, y nuestras ganas de atenderte.

“Como cocineros, más que certezas, ensayamos opciones”. Josep Roca

¿Pensando en salir a cenar? Te la ponemos muy fácil: puedes reservar una (o varias) mesas haciendo click aquí, o si prefieres, puedes pedir de nuestra carta a domicilio, a través de Glovo y Uber Eats, y ya nos veremos las caras otro día. ¡Gracias por compartir!

Publicado el:marzo 15, 2018matutearepabar

2 comentarios en “Anécdotas de Matute: Cuando te cansas de no estar cansado.

  1. Que lindo que compartan su historia, es interesante y curioso enterarse uno asiste a un restaurante y no sabe cuanto hay atras.
    Y la historia continuara…..
    Mucho exito y bendiciones

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